Deportaciones y trauma en niños inmigrantes
Separación familiar: una herida emocional
El miedo a la deportación y la inestabilidad familiar tienen consecuencias directas en el desempeño académico de los niños; este estrés tóxico puede alterar el desarrollo cerebral y afectar su salud a largo plazo.
New York. TINews. En los últimos años, las políticas migratorias y las deportaciones han cobrado un protagonismo importante en el debate público. Pero más silenciosa como es el impacto que todas estas acciones están teniendo en los niños que nacieron o viven en los Estados Unidos, pero tienen padres sin documentos.

Cuando un padre o madre es deportado, los hijos quedan muchas veces en un limbo emocional y legal. Algunos niños se ven obligados a quedarse con familiares, amigos o incluso en el sistema de cuidado temporal (foster care). Esta separación forzada puede provocar:
• Trastornos de ansiedad y depresión
• Sentimientos de abandono e inseguridad
• Problemas de conducta y bajo rendimiento escolar
• Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

La Academia Americana de Pediatría ha advertido que las políticas migratorias agresivas son una amenaza directa a la salud mental y física de los menores afectados.
La incertidumbre constante. Incluso si los padres aún no han sido deportados, el miedo constante a una posible detención o redada puede ser abrumador. Muchos niños viven con ansiedad crónica, temiendo que al volver de la escuela ya no encuentren a sus padres en casa.

Desempeño académico y social. La falta de concentración, el ausentismo y el aislamiento social son comunes. Algunos alumnos, especialmente adolescentes, abandonan los estudios por tener que asumir responsabilidades adultas, como trabajar para mantener a sus hermanos o cuidar de familiares.
Muchos de estos niños son ciudadanos estadounidenses, pero sienten que no pertenecen completamente ni al país donde viven ni al país de origen de sus padres.

Esta crisis de identidad puede intensificarse cuando se enfrentan a discursos públicos que los etiquetan como “ilegales” o “no deseados”, afectando su autoestima y sentido de dignidad.
El impacto de las deportaciones en los niños no es solo un problema migratorio, sino una crisis humanitaria que demanda una respuesta compasiva.
Los niños latinos en Estados Unidos enfrentan una crisis de salud mental agravada por barreras culturales y falta de recursos, según expertos. A pesar de que su población sigue creciendo, muchos no reciben el apoyo adecuado, lo que
los hace más vulnerables a problemas emocionales y psicológicos.
“Cuando se trata de los niños latinos vemos que están a más altos riesgos de cosas como depresión, ansiedad, comportamientos o pensamiento suicida”, dijo a la Voz de América Ariana Hoet, directora ejecutiva clínica de la Fundación para la Salud Mental de los Niños, con sede en Ohio.
Solo un 7,95 % de los psicólogos en el país son hispanos, según la Asociación Estadounidense de Psicología. Sin embargo, tan solo un 5,5 % de ellos dicen poder proveer servicios en español, lo que aumenta las barreras para los niños.
El idioma sería esencial para construir una relación positiva con las terapias, según Hoet. Una encuesta del Centro de Investigaciones Pew reveló que un 44% de hispanos dicen que los retos para comunicarse con sus profesionales de la salud son una de las mayores razones por las que estos están expuestos a tratamientos menos efectivos.
Más de 300,000 escolares de la ciudad de Nueva York usan el metro para ir y volver de la escuela cada día.

El NYPD informó que los arrestos de presuntos usuarios de metro aumentaron a 229 el año pasado, en comparación con los 135 del año anterior.
La mayoría eran niños latinos, con una edad promedio de alrededor de 14 años, según la policía. El más pequeño tenía 9 años.
Niños y adolescentes latinos
en USA: “Ni de aquí, ni de allá”
Para los niños que nacen en EEUU, explicó Hoet, “les cuesta mucho encontrar
identidad… Ya es suficientemente difícil cuando uno es niño encontrar cuál es su lugar en este mundo y estos niños se encuentran sintiendo como que no son ni de aquí ni de allá”.
Los jóvenes latinos son los menos propensos a buscar servicios de salud mental en comparación con sus
contrapartes blancos, según la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales.
Un factor de riesgo adicional ha sido durante años foco de estudio para académicos, quienes lo llamaron: la paradoja del inmigrante. Esta establece que los hijos de inmigrantes corren un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental debido al estrés que sufren por la inmigración y los prejuicios en el país de acogida.
“Uno espera que la persona que migra, que viene a Estados Unidos, es el que va a tener la peor salud mental y hemos encontrado que no, que son los hijos de los inmigrantes lo que tienen la peor salud mental y peor salud física, entonces por eso se llama una paradoja, porque es algo que no nos esperamos”, explicó Hoet.

Para los niños que recién llegan a Estados Unidos, el idioma es clave en la adaptación al país. “Si estoy como niño desarrollando mi identidad y ahora estoy en una comunidad nueva donde me pueden dar mensajes de que yo soy diferente, soy extraño, no soy lo suficiente, no me aceptan, eso va a impactar mucho la salud mental de un niño”, agregó la doctora.
Los tratamientos de salud mental son confidenciales, resaltó Hoet, por lo tanto buscar ayuda para los menores no es un factor de riesgo para familias indocumentadas.
La pandemia aumentó considerablemente los riesgos de padecer una enfermedad de salud mental entre los menores. La Asociación de Hospitales Infantiles estima que un 24% de los jóvenes hispanos han tenido que asumir una carga desproporcionada de responsabilidades familiares.





