Mujeres mayores de 64 años reparten flyers en la Roosevelt en condiciones muy desfavorables
Posted by Trabajadorinmigrante on 3rd Febrero 2017
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El mayor sueño de Rosa Díaz es conocer a sus nietos y bisnietos; hace once años que ni ve a sus hijos.

Nueva York. Ibernet Media. Rosa Díaz y Blanca León llevan muchos años acudiendo a la misma esquina de la Avenida Roosevelt a repartir volantes. Tienen muchas cosas en común: son mujeres, tienen más de 64 años, viven solas en Nueva York, tienen nietos y bisnietos que ni conocen en persona y deben trabajar todo el día en la calle, sin importar la temperatura, porque necesitan el dinero, en la mayoría de los casos. “Cuando hay nieve o lluvia no nos dan trabajo, por lo que hay que aprovechar la oportunidad”, coinciden en afirmar estas dos señoras, provenientes de la región de los Andes.

Las encontramos en su puesto de trabajo, en la calle, el día de San Valentín, cuando los termómetros marcaban los 15 grados centígrados, pero bajo cero. Los restaurantes estaban llenos, pero en la calle, el susurro resignado de los repartidores de volantes no cesaba, a pesar del frío polar. Había en menos de dos bloques unas diez mujeres mayores de 64 años, junto a otro muchos repartidores.

Repartir flyers es un trabajo ingrato: en la mayoría de los casos la gente no los recibe. Foto: M. Hernández

Rosa Díaz, de 64 años, trabaja para ayudar a su familia, que viven en Lima (Perú): 3 hijos, ocho nietos y cinco bisnietos. “Mi sueño es poder ver a mi familia. A mis hijos no los veo desde hace once años, y no conozco a la mayoría de mis nietos, ni mucho menos a mis bisnietos”, dice Díaz, con lágrimas en sus ojos.

Pero el trabajo de repartir volantes es uno de los menos protegidos y con poca legislación en la Ciudad, por lo que no hay ninguna garantía laboral. Es un trabajo de día a día, con un salario de 9 dólares la hora, además de ingrato, pues más del 80 por ciento de las personas no reciben el volante.

Díaz trabajó en el aeropuerto de Lima hasta los 48 años, cuando privatizaron la compañía. Y a partir de ahí le fue imposible conseguir un trabajo. “En mi país (y en toda Latinoamérica) después de los 45 años ya te consideran un viejo. Y decidí ir a los Estados Unidos, donde las personas mayores también tienen oportunidades para trabajar”, dice Díaz.

La guayaquileña Blanca León, bien abrigada repartiendo flyers en San Valentín. Foto: Mauricio Hernández

En 1988 encontró en Perú al marido con otra mujer en la propia casa y se separó. Y desde entonces debió criar a sus tres hijos sola. Esa necesidad la obligó a emprender el viaje hacia los Estados Unidos. Por la falta del inglés, y de los papeles, solo consigue trabajo repartiendo volantes. Y Los dueños de muchas empresas se aprovechan de las necesidades de los inmigrantes. Es un trabajo sin futuro, sin presente y mal pagado. Y entre tanto, los nietos y bisnietos de Díaz siguen creciendo. Sus recursos económicos no son los mejores, por lo que no han podido viajar a los Estados Unidos.

A unos 10 metros de Rosa Díaz encontramos a la guayaquileña Blanca León, de 63 años, que llegó hace nueve a Nueva York. Lleva siete años distribuyendo flyers en la Roosevelt: dos años en una empresa de aprendizaje de inglés y otros cinco para una empresa de dentistas en la esquina de la Roosevelt con 82. “No me dejan ir al baño de la oficina del lugar en donde trabajo. Entonces, al estar en la calle, debo buscar un lugar a donde ir. Por fortuna, voy al baño de un restaurante peruano donde me conocen”.

Sin contrato, sin relación laboral, la sra. León debe recoger latas en la calle o vender agua en los parques para poder pagar sus cuentas. “La distancia ha alejado a mis cinco hijos, y hoy vivo sola en Nueva York”. Llegó en 2007 para estar con su nieta, pero su hija también se fue de Nueva York. Crió sola a sus 5 hijos. Y ahora se cuida ella sola.

Después de repartir durante el día flyers, las dos amigas hablan con sus hijas y nietas o visitan sus facebooks. Foto: Mauricio Hernández

“El patrón nos llama cuando nos necesita. Y si hay nieve o lluvia no hay trabajo. Hay otros días en los que solo hay tres o cuatro horas de trabajo, y ese dinero no me alcanza. Por fortuna, mi padre me dejó una casa en Guayaquil, a dónde puedo llegar en el futuro”, dice León.

Blanca León y Rosa Díaz siguen con emoción, y tristeza, el crecimiento de sus nietos y bisnietos a través del facebook. “Es el único contacto que tenemos con nuestras familias”. En la misma calle, en la 82, otra señora mayor, compatriota de Díaz y que no quizo identificarse, repartía también volantes: “Trabajo porque me aburro en casa, donde vivo con mi familia. No me gusta estar encerrada, ni mucho menos depender de nadie”.

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Alrededor de 5,000 repartidores de flyers en Queens

Desprotegidos, indefensos y mal pagados…

“Repartir publicidad es uno de los sectores más injustos y desprotegidos de la legislación laboral de Nueva
York”, nos recuerda el activista dominicano Virgilio Aran, fundador de la organización Laundry Workers Center United (LWCU). “No existe una legislación que proteja a los distribuidores de publicidad, ya que a muchos de éstos les roban el salario”, agrega Aran, quien continua en el trabajo social, ahora en la defensa de las trabajadoras de la limpieza y el hogar.

Nada ha cambiado. “Hace tres años estuve trabajando por los derechos laborales de las personas que distribuyen volantes y puedo asegurar que el 100 por ciento de estas personas sufren violaciones al salario mínimo, y muchas veces hasta les roban parte del mismo”, aseguró a Queens Latino el activista dominicano Aran, fundador de LWCU.

“Aunque no hay una cifra exacta sobre el número de volanteros, en el tiempo que trabajé para sus derechos realicé varias investigaciones, y puedo creer que hay más de 5,000 personas repartiendo publicidad solo en Queens”, nos explica Aran. (Publicado también en www.QueensLatino.com)